martes, 29 de noviembre de 2011

¿Un verdadero acercamiento de los jóvenes al mercado de trabajo?

La semana pasada escribí un post a raíz de la conferencia de Héctor Sala en las XXVI Jornadas de Alicante sobre Economía Española que trataba, como ya expuse, del desempleo juvenil.
Acabo de leer un Real Decreto del BOE publicado el pasado 18 de Noviembre que puede ser un buen comienzo para la solución de dicho problema. Aunque tendríamos que ver en qué condiciones las empresas van a ser capaces de soportar estos costes ya que, como ya sabemos, en este momento no se encuentran generalmente en una buena situación para poder contratar...

Os adjunto el enlace, merece la pena leerlo:

jueves, 24 de noviembre de 2011

EL DESEMPLEO JUVENIL EN ESPAÑA

EL DESEMPLEO JUVENIL EN ESPAÑA: IMPACTO DE LA CRISIS Y PERSPECTIVAS DE FUTURO
HÉCTOR SALA (Universidad Autónoma de Barcelona)




La presentación de Héctor Sala sobre desempleo juvenil me pareció especialmente interesante, tanto por su contenido como porque yo misma me incluyo personal y desgraciadamente dentro de ese colectivo.

Sala destacó en su exposición que aun en época de bonanza económica la situación de los jóvenes españoles se caracterizaba por una fuerte incidencia del “mileurismo”, que no permite a los jóvenes emanciparse antes de los 30 años de media o tener un primer hijo hasta los 31. Este contexto ha provocado que España se sitúe una muy baja posición entre los países de Europa en cuanto a tasa de natalidad y que la situación laboral de los jóvenes posea una gran inestabilidad, con unos datos de tasa de actividad, tasa de paro y tasa de temporalidad muchos más adversos que para el conjunto de la población.

Y si esto ocurría en expansión, qué decir en la actualidad, en la que la situación laboral de los jóvenes españoles se ha visto particularmente perjudicada. Los datos que antes ya eran desfavorables, ahora lo son aún más, especialmente la tasa de paro, que ha aumentado desde 2007 en 27,6 puntos porcentuales (ha pasado de un 18,2% en 2007 a un tremendo 45,8% en 2011). Se ha producido por tanto durante la crisis un aumento de casi 500.000 activos y de más de 450.000 parados, lo cual ha provocado una pérdida de cerca de 950.000 empleos netos en este segmento de población.

En cuanto a la distribución de la destrucción de empleo juvenil por género, Sala destacó que, dentro de éstos, los hombres explican el 65,5% de la destrucción de empleo, es decir, se han visto más afectados que las mujeres en este caso. Con respecto al país de origen de los jóvenes, los que poseen nacionalidad española explican en un 85,8% dicha destrucción de empleo, por lo que se han visto mucho más afectados que los extranjeros y los de doble nacionalidad. Además, se han perjudicado con mayor intensidad los jóvenes con contrato temporal, los que poseen una formación media y los que su sector de actividad se centra en manufacturas, construcción y comercio.

La comparación con los países de la Unión Económica y Monetaria refleja una desventaja clara para España, pues se verifica una mayor intensidad relativa de la crisis aunque se mantiene la proporción juvenil/desempleo agregado, que es similar a la del conjunto de la UEM.

En su presentación, Héctor Sala afirmó, basándose en una serie de simulaciones, que la tasa de paro juvenil se ve afectada por diversos factores:

-         -  La evolución de activos jóvenes ha actuado como un mecanismo defensivo, evitando que la tasa de paro alcanzara el 23,7% en lugar del 21,5%.
-           -  La evolución de la probabilidad de empleo, que ha ido en decremento, ha actuado de forma desfavorable. La tasa de paro podría haberse situado en el 17,3% en lugar del 21,5%.

En definitiva, los jóvenes son el colectivo más frágil en el actual contexto de crisis, y más aún los varones, españoles, con contrato temporal, formación media, y actividad en manufacturas, construcción o comercio. Y esta precaria situación puede ser más difícil todavía, pues puede convertirse en un condicionante a largo plazo de una generación y ser extremadamente grave dado el contexto de envejecimiento poblacional.

Para terminar, Sala propuso unas medidas de política económica en un contexto de crisis que fundamentalmente se resumían en una idea: rediseñar y fomentar la conexión del sistema educativo español con el mercado de trabajo, tal y como sucede en Alemania.

Alemania posee un sistema muy eficiente en la transición escuela-empleo, donde la formación profesional es muy extensa y consolidada. Existe una cultura más avanzada en cuanto a la realización de prácticas en empresas (aproximadamente de una duración de 3 años), lejos de lo que ocurre en el caso español.

Y para conseguir este reto es necesario, según Sala, llevar a cabo medidas compartimentalizadas de apoyo a los jóvenes mediante un mayor acceso a la vivienda, énfasis en la formación, contratos específicos para jóvenes, acceso a créditos blandos, etc. Además de realizar una política integral de apoyo transversal a los ministerios existentes y a las administraciones.

De hecho, y según mi opinión personal, lo más importante para un joven como lo soy yo, licenciada, con 23 años y en situación de desempleo, es poder encontrar un primer empleo. Esta búsqueda que puede llegar a convertirse en una “misión imposible” es la clave, o como mínimo, un factor de gran relevancia, para el desarrollo del resto de la vida laboral.

Y digo esto porque el hecho principal por el que se nos rechaza en una entrevista de trabajo es nuestra falta de experiencia profesional. Pero, ¿cómo vamos a tener experiencia si no se nos ofrece una primera oportunidad? De esta manera, los jóvenes seguimos formándonos, realizando másteres, doctorados, cursos post-universitarios que nos forman más académicamente pero que a su vez se convierten en un obstáculo para la búsqueda de empleo, especialmente por la falta de tiempo. Y además, el hecho de no estar empleados y tener que seguir estudiando nos está perjudicando económicamente, pues se convierte en un coste adicional para la familia que nos financia los estudios y un coste de oportunidad para el estudiante. En definitiva, esta situación desemboca en un círculo vicioso que es difícil de romper.

Por lo tanto, la propuesta de Héctor Sala de fomentar la conexión entre el sistema educativo y las empresas, como se hace en el caso alemán, me parece un buen punto de partida para la consecución de un primer empleo. Aunque, no obstante, una vez introducidos en el mercado laboral y con una mejor situación económica por la renta obtenida del trabajo (que a su vez permitiría costearnos propiamente, y no mediante los padres, nuestros estudios post-universitarios), el Estado debería proporcionar ayudas y facilitar las inversiones necesarias para fomentar el emprendurismo entre los jóvenes españoles y la creación de nuevas empresas, pues hay estudios que demuestran que las empresas nuevas son creadoras de empleo, mientras que las empresas viejas son más bien destructoras de empleo, especialmente en épocas de crisis.

XXVI JORNADAS DE ALICANTE SOBRE ECONOMÍA ESPAÑOLA

Los pasados días 10 y 11 de noviembre de 2011 tuve el privilegio de poder asistir a las XXVI Jornadas de Alicante sobre Economía Española organizadas por la Universidad de Alicante. El tema principal de estas jornadas consistía en “Las instituciones públicas en la economía: nuevas funciones en un entorno de crisis”.

En estas jornadas se pusieron en entredicho las diferentes fortalezas y debilidades de nuestras instituciones públicas, cuáles son las actuaciones que se han llevado a cabo hasta el momento, y cuáles recomendaban los expertos que nos visitaron.

Particularmente se habló de las políticas fiscales, tanto española como de la Unión Europea, políticas de vivienda y pensiones, sistema financiero (financiación pública, regional, el problema de la deuda soberana). Se trataron temas sobre el Estado de Bienestar y el crecimiento económico, desigualdad, desempleo, con la particularidad del desempleo juvenil y, finalmente, concluyó Rafael Myro con una reflexión acerca del papel de los economistas en la crisis.

Destaco esta última intervención porque me pareció interesante que Myro dejara un poco a un lado los problemas del sistema financiero y el endeudamiento, de las políticas fiscales y la recaudación impositiva para hablar de los problemas de la productividad empresarial, de la importancia de las nuevas tecnologías y las TIC en las diferentes instituciones y en los sistemas de producción de las empresas del siglo XXI. Aunque ello no quiere decir que aquéllos dejen de ser menos importantes que éstos.



Como sabemos, la fortaleza de la producción y las exportaciones españolas se encuentra aún en las actividades tradicionales, con bajos niveles de incorporación tecnológica y, por tanto, con una menor productividad. No obstante, gracias a la deslocalización de las empresas de las fases de su producción en las que no son eficientes en otros países en los que hay unas mayores ventajas comparativas, especialmente por aprovecharse de unos menores costes laborales y salariales, la competitividad de las empresas españolas se ha mantenido. Pero esto provoca que el valor añadido de la producción no se mantenga en su totalidad en España y, por tanto, no se cree empleo ni se produzca crecimiento económico.

Rafael Myro destacó el papel que los economistas españoles tienen en toda esta encrucijada. Y coincido con él en que en este caso nuestros expertos tienen poco que hacer. Esto es, los mandatarios del Gobierno son los últimos en decidir, y por muchas y buenas propuestas que tengan los grandes economistas españoles, al final quienes deciden qué políticas económicas aplicar y cuáles no, son los políticos y no los economistas. Además, no estamos hablando solamente de autoridades españolas, sino autoridades europeas que se encuentran en la cúspide del poder, por lo que los especialistas en materia económica de España se encuentran con demasiados obstáculos para poder actuar.

Por tanto, más que importante es imprescindible que al frente del Ministerio de Sanidad se encuentre un especialista en materia de salud, que al frente del Ministerio de Educación haya un técnico especializado en materia de educación, y que el Ministro de Economía sea un economista. De este modo, aunque no dejemos de estar subordinados a los poderes de la Unión Europea, encontraremos menos trabas a la hora de realizar reformas apropiadas para mejorar las situaciones adversas con las que tropecemos.